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Para t(m)i

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     El otro día en el aula dijo uno de mis profesores que quizá uno de los mejores consejos para un escritor era que lo hiciese para sí mismo . No siempre me dirijo a mí, pero casi siempre me dirijo a alguien y, para no dejar de sentirme cómoda, pero para que esto sirva de algo, voy a intentar hacer ambas cosas. Escribiré este texto, aunque en realidad ya lo estoy haciendo, para mí y para esa supuesta amiga que me susurra (aunque a veces más bien grita) que esto no vale para nada y que, siendo más bien mediocre, la decisión más sabia es tirar la toalla, pero como la sabiduría no es lo tuyo , seguirás jugando con una amiga que siempre ha sido invisible. Escribiré para la amiga que prefiere no mirar al espejo a menos que haya cumplido con todas las expectativas que había fijado en ese reflejo. Como si un día lleno de lágrimas tuviese que cumplir con cánones estéticos la rojez de una mirada desesperada. Y también a la que viene siempre acompañada de todos los vínculos que e...

No lo llames amor

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 ¿Si duele?  Yo dejé de comer, porque no sentía hambre. Dejé de beber, porque no tenía sed. No escribía porque dejé de pensar. Tampoco leía porque no tenía energía. Yo dejé de salir, porque mis ojos no querían ver ninguna luz. Y dejé de entender la vida, porque esa ya no me correspondía. Lo único que sentía, quería y entendía, era el dolor. Pero a eso no lo llames amor. A mí el amor me quitaba el hambre sí, porque volando se me olvidaban las horas. Me quitaba la sed, porque mi boca sólo quería besarle. A veces no escribía, es verdad, pero porque no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Eso sí, leía, leía y releía cada uno de los te quiero, entre otras tantas frases que sólo el amor te permite releer. Dejé de salir, sin pensar en él. Dejé de entender la vida, sin incluirle a él. Y la verdad, que cuando había amor, ninguno de estos síntomas me dolía. Asique no, el amor no duele. El amor se vive, se disfruta y a veces se pierde. Y es entonces, cuando el cuerpo, ante su pérdida...

Encontrarse perdido

  No sé si conoces la sensación de estar perdido. Personalmente, no la conozco, no tengo ni idea de cómo describirla ni sé identificarla. Estoy segura de que la he vivido, de hecho, puede que la esté viviendo y seguramente mucho de vosotros lo hayáis vivido al menos una vez. De repente la parte más emocional de mí ha dejado de bombardearme información y, aunque hoy hubiera sido el día en el que hubiera gastado un paquete de pañuelos, no he derramado ninguna lágrima. Parece bloqueo, pero no, no encuentro el libro de recetas que me lleva a la página de lo que siento. Soy de sentir tan fuerte que marea y, gracias a eso, siempre sabía dónde ubicarme: un día triste, otro frustrada, otro eufórica, otro tranquila. Hoy, no sé qué siento. No es una mezcla de todo, es una falda de ese todo que, normalmente, me impulsa cada día. Así que, no sé si esto es estar perdida o si es bueno. Pero, si has sentido que no había color en lo que veías, no hace falta que te pongas gafas, a veces la vi...

AVISO

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  Te aviso mi nube, que por mucho que lluevas, no dejaré por mi camino seguir. Y, te aviso sonrisa que, aunque me des placer, no dejaré que te quedes a dormir. Porque no es mojarme lo que amarga un día,  Sino darme cuenta de que un día puedes no estar. Te aviso mi cama, que no eres mi refugio, sino lo que sueño sobre ti. Y, te aviso ousía que, aunque te pierdas, siempre me tendrás aquí. Porque no es mudarme de ti lo que me da miedo, Pero sí el encerrarte en un cuerpo que ni yo deseo.

Maldito Valentín

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Escribo hoy porque he preferido saltarme la fecha del amor, para hablar del… buen amor. No voy a soltar el tópico de querer es cosa de todos los días , porque lo he repetido durante todo el 14 de febrero. Lo que sí voy a hacer es recalcar que a todos nos encanta celebrar, pero no todos lo saben demostrar. No es un texto hater , no te vayas. Tengo pareja y os la voy a presentar: Durante el día tiene muchas facetas, puede ser un quejica, un empollón, un listillo o un friki de la política, pero si algo destaco de él son sus manías: Se quiere sentar siempre en el mismo sitio del sofá; Dormir siempre en el mismo lado de la cama; Y quererme, sin fallo, todos los días . No sé, a mi al principio me resultó extraño, aunque luego me convenció de que podía ser lo mejor. Cuando anochece también tiene sus cosillas, de hecho, antes le conocía más de noche que de día, por eso de que " salíamos de fiesta" todavía, podíamos decirnos con unas copas de m...

Qué coño sé yo

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Lo fácil que es decir, y pensar: debería estar allí donde me traten bien . ¿No?      Pues no. Se queda en la frase, en la imagen de la peli donde te hacen creer que eso es un buen trato. Pero ¿ qué coño sé yo ? Dónde está el guión del buen trato, donde ir a revisar si cada acto ha sido “bueno”.      Eso no nos vale, no hay que estar “donde se nos trate bien” porque no sabemos cómo nos gusta ser tratados, todo cambia, hasta eso. Que si se acaba el vaso, te lo rellenen. Que si tienes sed, te la quiten, no sé . Que si tienes frío te calienten y sepan refrescar el verano. Que te hagan reír, o no , o que te abracen y te consigan reventar las ganas de llorar. Entonces ¿qué? Un jarro de agua fría, incluso, yo qué sé, un puto hielo lanzado al vacío, donde encuentres tu independencia. A veces un poco más arropada, con algo tan suave como… la piel, puede ser. Pero no, eso no es.      No es nada de eso, hay que estar donde tengas lo que qu...

Contrarreloj

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  Deberíamos tener presente, que todo acaba. Los buenos momentos, también los malos. Deberíamos tener en cuenta que vivimos de recuerdos, y hay que cuidarlos. Nos quejamos y lloramos a la almohada lo que nos duele, lo que nos quema, pero no hay almohada que consuele como el tiempo. Porque todo: se acaba. Y dejará de quemar, de doler, de pesar. Deberíamos agradecer nuestras sonrisas, los buenos días que hacen días buenos. La verdad, parece que no lo hacemos. Y es que, esto: también se acaba. No para siempre, no va a malas, pero se acaba. Vendrá una nube que te tape el Sol, y vendrá el viento para llevársela. Por eso, hay que agradecer a ese Sol que nos hace brillar, y al viento que nos permite volar. Deberíamos, no sé... disfrutar, de cada risa, porque tu boca se va a cerrar. Deberíamos dejar a la almohada que llore sola, y pedirle a la báscula que pese el valor de cada abrazo. Y abrazarlo, cada día, un poco más. Porque el tiempo: lo cura todo.